domingo, 31 de octubre de 2010

Como si subiéramos al calvario de Urkupiña (Semana de trapos al sol y desmadre contínuo)



1. Son las 14:45 cuando empiezo a escribir las líneas de esta crónica. Es muy curioso, pero a menos de 90 minutos de que comience el partido en el Capriles, no tenemos –no sólo yo; intuyo que todos los hinchas del Tigre a pesar de los esquemas publicados en algunos rotativos– la más pálida idea de quiénes integrarán el onceno titular contra el Rojo. Equivale a pararse al pie del calvario en Urkupiña, dispuestos a iniciar el tradicional ascenso que suele hacerse en agosto.
2. Encabezados por Néstor Craviotto –el resistido, según el artículo de hoy en Acción– arrancamos la subida. Los elegidos: Leonardo Díaz; Nelvin Soliz, Luis Palacios, Rosauro Rivero (capitán), Federico García y Miguel Ángel Quiroga; Alejandro Chumacero, Hermann Soliz y Carlos Hermosa; Pablo Vásquez y Renán Addles. Controlan la caminata en el cerro de Cota: Gery Vargas, Bruno Martínez y Marco Palma.
3. Sin cuerdas de respaldo como cuando uno hace alpinismo o climbing, dependemos de los enlaces esporádicos que la transmisión de la Red Deportiva haga con el estadio de Cala Cala y, con suerte, de los comentarios que ponga en su sitio para los partidos el periódico Los Tiempos. Estamos como los jugadores del Tigre, echados a su suerte a lo largo de toda la gestión y claro, también esta semana, cuando debieron honrarles sus salarios y como no se dio ellos optaron, una vez más, por el paro.
4. T’inkazo de Tigre: vuelvo a encender la televisión que apagué a las 15:00, más ó menos, y me encuentro con la transmisión en vivo –y simultáneo por dos canales– del partido que se juega en la Llajta. Minuto 45, gol de Wilstermann. Los rojos salen tocando desde su campo, llegan hasta el área de los aurinegros, Fernando Sanjurjo se la pasa a Édgar Cucharón Olivares y el capitán aviador remata con la derecha desde la izquierda del área grande, cruzándosela a Díaz y abriendo el marcador.
5. Ya que está, sigamos de reojo –en este penoso ascenso al Calvario– la transmisión, aunque ya un amigo wilstermannista pone en mi FB: “LOS DOS EQUIPOS PA’ LA MIERDA. PARTIDO DE PORQUERÍA”. Considerando el lugar que ocupan ambos en la tabla de posiciones y lo motivados que deben estar, no es para sorprenderse.
6. Minuto 57, casi le regalamos el segundo a Wilster. El Pepe García se la pasa a su compatriota Díaz y mi tocayo de apellido, que no puede tomar el balón con las manos, se enreda con las extremidades inferiores apremiado por Sanjurjo. Menos mal, el veterano portero logra rehacerse y despejarla.
7. GOOOOL DEL TIGRE. El Animal Addles se lleva la pelota eludiendo rivales, casi perdiéndola se la pasa al Tanque Vázquez y el goleador hace lo suyo: remate bajo y cruzado, rebota en el palo izquierdo de Daniel Vaca y se entra. Minuto 59.
8. Minuto 60, empate de Wilstermann. Casi como el primero: Olivares se la pasa en el borde del área grande a Sanjurjo, devolución inmediata del argentino y el Cucharón fusila. Ni 60 segundos duró la alegría del empate. Minuto 62, Gerson García ingresa en lugar de Quiroga y Diego Bejarano en el de Hermosa. Minuto 68, tiro libre ejecutado por Lulú Palacios que contiene Vaca en dos tiempos, apoyándose en su vertical derecho.
9. Minuto 78, ingresa Rodrigo Ramallo y se va Hermann Soliz. Minuto 79, gol de Wilstermann. Casi desde el vértice superior –ese que une con la línea de fondo, por si a alguna persona no le queda claro– Nelson Sossa saca un remate y se entra por el medio de las piernas de nuestro meta de categoría Ultra Senior, al que no le caería nada mal usar sotana de franciscano de hoy en más. Por si acaso, mi amigo hincha rojo dice que el 11 local es “UN PARALÍTICO”. Minuto 84, el Cucharón casi sella un ‘hat-trick’, pero para fortuna del Tigre la pelota va hacia las manos del que juega dentro del área –porque llamarle arquero es un despropósito y contrasentido total.
10. No llegamos ni a la mitad del cerro de Cota y, cual si fuera un castigo vaya uno a saber por qué de la imagen de Urkupiña, caemos en picada hasta el fondo. Y no es que nos detengamos en la superficie de la que se extraen piedras; seguimos viaje más adentro aún, hasta quedar en la cola de la tabla de posiciones. Si cabe para la sonrisa, es bueno ver que se hizo un gol después de casi un mes fuera de La Paz –la última fue el 3 de octubre: Ramallo aprovechó un regalo de Silvio Dulcich– pero nada más.
11. Sergio El Abnegado Asbún, quien sufrió un accidente de tráfico el viernes y debió ser operado de la nariz, aunque seguía haciendo llamadas y tratando de pagar a los jugadores dicen, anunció también esta semana que no irá a la reelección. El mejor de la directiva –por supuesto, el presidente del Comité de Fútbol, Ronald Crespo Tellería– también dice que no será más dirigente. Pues sólo una cosa cabe decirles, al estilo Chespirito: ¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS!!! Ahora, cerca de las 22:20, esperemos que estos días acaben de pagarle al equipo de los 100 mil dólares.

FOTO: GASTÓN BRITO/AFKAPHOTOS.COM.

domingo, 24 de octubre de 2010

Empezamos a cumplir el calendario (Nueva derrota fuera de casa, ¡vaya novedad!)



1. Domingo atípico. Primero porque me pasé casi toda la madrugada viendo tele –desde las 01:30, más o menos– y luego, cuando ya en la mañana me vino sueño, dormí hasta las 10:00. Escuché Confidencias (bastante tibio; quizás es la censura interna que están soportando y no me refiero a autocensura, si me entienden), vi el DVD La Aventura del Cine Boliviano – Segunda Parte y me entré luego a duchar para ir a encontrarme con mi mamá y hermano en el almuerzo. NOTA: SI VAN AL PATIO DE COMIDAS EN LA VILLALOBOS Y SAAVEDRA, NO PIDAN NADA EN “LA MIA PASTA”: DICEN QUE VAN A TRAERTE EL PLATO EN 25 MINUTOS, DEMORAN MÁS DE 45 Y NADA. POR SUPUESTO, CANCELÉ EL PEDIDO. Acabé almorzando en una chifa cerca de casa a las 14:45. Llegué directo a buscar alguna emisora sucrense en la red, pero no la encuentro, así que dependo únicamente de los pocos enlaces que hacen los de la transmisión radial local.
2. Néstor Craviotto, de viaje durante la semana y con las pilas recargadas –según dijo–, preveía arrancar el juego con Leonardo Díaz; Luis Ribeiro, Herman Soliz, Federico García y Gerson García; Nelvin Soliz, Alejandro Chumacero, Marco Paz y Carmelo Angulo en el mediocampo; Rodrigo Ramallo y Julián Di Cosmo en el ataque; no sé si realmente lo hizo, pero intuyo que sí. Dirigió el partido Iván Gamboa, colaborado por Wilson Arellano y Roger Orellana.
3. Campo sur para los locales, campo norte para los visitantes. Cero a cero a los 16 minutos. La oportunidad más clara del Tigre la tuvo el Choco, que sacó un remate de media distancia. En réplica, Roberto Galindo obligó a una buena intervención de Díaz. No hay más enlaces con la capital, pero hurgando en la red y al final del primero tiempo en el Siles nos enteramos que no hubo apertura del marcador en el Patria.
4. Gol de Universitario. Minuto 49, centro de Martín Aguirre y cabezazo de Galindo, que convierte su octavo tanto e incluye su nombre en la nómina de goleadores del torneo. El “poeta del fútbol”, según Ricardo Bajo, vuelve a convertir después de algunos partidos y justo a nosotros.
5. Y listo. Es todo cuanto he llegado a enterarme del juego en la capital. Acabó con el triunfo local por la mínima. Y ayer nomás –como la canción de Los Gatos– publicaban en Acción de La Prensa: “Ganar siete al hilo, el nuevo objetivo atigrado”. Como puse al enlazar la nota con mi muro del FB: “JUA JUA JUA JUA JUA JUA JUA... Juro que más tardé en leer el titular que en empezar a despatarrarme de risa... ¡BUENO EL CHISTE, TANTO PARA LOS DE ACHUMANI COMO PARA LOS COLEGAS DE VILLA FÁTIMA!!!. Hoy los jugadores y el DT empezaron a mostrar cuán serio es el objetivo que se han trazado. La novedad del día: perdimos de visitantes, ja ja ja ja ja…

FOTO: FUTBOLISTASBOL.BLOGSPOT.COM.

domingo, 17 de octubre de 2010

Alegría de pobre dura poco, dicen (Craviotto hace cambios raros y el equipo vuelve a los errores)



1. Una vez más debo resignarme a seguir el juego desde casa, porque una afección gripal complicada me tiene con medicamentos y prefiero cuidarme a las corrientes de viento que pasan por el campo de Miraflores.
2. Néstor Craviotto hace variantes en el plantel que ganó el clásico: Leonardo Díaz vuelve al pórtico; Luis Ribeiro, Luis Palacios, Federico García y Gerson García; Nelvin Soliz, Carmelo Angulo, Marco Paz y Alejandro Chumacero; Rodrigo Ramallo –va de titular– y Pablo Vásquez (capitán). Dirige Jose Jordán, asistido por Ricardo Calderón y Ángel Flores.
3. Campo norte para el Tigre, sur para San José. Minuto 3, se proyecta Nelvin Soliz, centra y el Tanque Vázquez no puede empalmar bien. Minuto 8, Gerson García se la pasa al Choco Chumacero y el remate mordido del petizo se va afuera. El Tigre ha salido a definirlo cuanto antes. Minuto 12, Soliz engancha, deja pagando a su marcador, cambia de pierna y remata muy alto. Minuto 13, centro y el Tanque, solito, cabecea pero se va por encima del horizontal. El primero cuarto de hora ha sido aurinegro, mientras por señal abierta pasan el partido que se juega en Potosí.
4. Minuto 19, se proyecta por izquierda Gerson –ex santo– y saca un remate que sale por encima del pórtico del requerido Eloy Palito Padilla; pese a la desafortunada dirección, la hinchada le aplaude. Minuto 21, primero ataque de los orureños: Regis De Souza se la pasa a Aquilino Villalba, que no puede sacar un buen tiro. Minuto 25, gol de San José. Centro de tiro libre de Alejandro Bejarano, Aníbal Medina salta entre dos jugadores del Tigre y decreta la apertura del marcador.
5. GOOOOL DEL TIGRE. La misma sopa, pero en la otra boca. Angulo centra en el tiro libre y Lulú Palacios una vez más cumple la Ley del Ex: cabezazo e igualdad. Apenas 30 segundos le duró la algazara a los hinchas santos en la Recta General. Por cierto, Palacios amonestado. Minuto 25.
6. Minuto 30, Rolando Rivera, capitán de los quirquinchos, se va lesionado; primero diagnóstico: esguince de la rodilla derecha; tiene para cuatro meses parado. Minuto 33, variante cuidando al goleador: Palacios –acelerado– deja su lugar a Hermann Soliz. Minuto 37, amonestado Federico García por discutir con Villalba. Minuto 39, centro de Ribeiro, cabecea Hermann Soliz y despeja Medina. Minuto 44, centro de Nelvin, cabezado del Tanque y Palito se lanza en caída libre para contener.
7. Retornan sin variantes. Las primeras jugadas muestran a un equipo visitante con más ganas que el local. Minuto 53, ingresa Thiago Leitao en lugar de Angulo, quien jugó lesionado. Minuto 55, De Souza se va con el balón, intenta hacer un sombrero a Díaz pero la gorda –afortunadamente– se va elevada.
8. Minuto 62, remate de Leitao y Padilla da rebote, pero no llega nadie del Tigre. Minuto 63, centro de De Souza y se va cerrando sobre el pórtico; Díaz la manda al córner. Segundos más tarde, Ramallo empuja la pelota dentro del arco santo, tras un rebote que cede Padilla, pero el juez chuquisaqueño anula por correcta posición adelantada. Minuto 66, gol de San José. Ronald Puma remata de distancia, luego de la rápida ejecución de un tiro libre, y la pelota se cuela en nuestro arco. Minuto 68, el Choco Chumacero amonestado presuntamente por fingir; el relato radial coincide al decir que fue infracción de un orureño y error del referí. Minuto 72, entra Diego Bejarano y sale Paz. Craviotto hace un cambio que nadie le entiende.
9. Minuto 80, Federico García pierde la pelota al salir, se la lleva De Souza y encara, pero afortunadamente en el mano a mano Díaz se la quita. Minuto 85, centro de Leitao y el Tanque, que está en otra cosa, la manda como tiro buscando un try en rugby. Desesperación total buscando el empate, que nos ayuda pero no basta.
10. Y el partido 51 en La Paz entre atigrados y santos concluyó con victoria para los visitantes. Más que méritos propios –que al parecer los tuvieron, además de los goles, pues De Souza fue electo figura del partido por la Red Deportiva–, todo apunta a que las variantes hechas por Craviotto desarmaron al plantel y así nos fue. En el Víctor Agustín Ugarte acabó igualado.
11. Hoy se conoció que Kurt Reintsch, cabeza de Imal Ltda. y empresario a cargo de las refacciones en el Complejo de Achumani, dio ya dos millones de dólares y no pondrá un peso más para salarios de los jugadores. Craviotto declara al final del juego y dice que se sintió cansancio por el trámite del clásico. “Cuando los jugadores que entran juegan bien soy un fenómeno, cuando entran y no lo hacen bien soy un desastre. No es así. Creo que estamos muy complicados; no quiero ver la tabla por ahora”. ¿Alcanzará con la actitud frontal del DT? Creo que no. Se viene un partido de coleros contra la U en Sucre. A ver si por primera vez en este torneo ganamos fuera de La Paz.

FOTO: LOS TIEMPOS.COM.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Clásico: situaciones distintas, pero con urgencias parecidas (Les rompimos el invicto en el Siles a pura garra de Tigre)



A CARLOS MAMANI SOLIZ, un EJEMPLO para toda BOLIVIA,
y sus 32 COMPAÑEROS en el encierro en la MINA SAN JOSÉ, PARADIGMA MUNDIAL


1. Ganar o ganar. La consigna en Achumani es de un solo sentido. No hay lugar para el empate, menos aún para la derrota. Si llega esta última, adiós a cualquier aspiración remota por el título y también podemos empezar a resignarnos a los otros dos sitiales que dan pase a una competencia internacional. Tenía todas las ganas de estar en mi sitio usual, pero dos –y hasta tres– razones me mantienen en casa: estoy agripado y no quiero complicar más mi afección con este clima húmedo y la lluvia que se inicia cerca de las 19:55; cuarto de hora antes de que se inicie el partido quedan sólo tres mineros por rescatar en la mina San José en Chile y quiero ver en vivo cuando salga el último; en la Sudamericana está jugando el Tigre uruguayo, Peñarol, que visita al Goiás en el estadio Serra Dourada de Goiania (acabó perdiendo por la mínima).
2. Néstor Craviotto se juega el puesto. No es que le hayan amenazado con el retiro, mas resultados mandan y los números no le han acompañado al platense, quien por cierto cumplió 47 años hace 10 días. La alineación inicial: Max Rougcher; Luis Ribeiro, Luis Palacios, Federico García y Gerson García; Nelvin Soliz, Carmelo Angulo, Marco Paz y Alejandro Chumacero; Julián Di Cosmo y Pablo Vásquez (capitán). Terna arbitral designada: Raúl Orozco, Remberto Cruz y Ariel Guizada.
3. Espero que no sea un presagio, pero en el clásico preliminar entre los sub 19 vencieron los de Tembladerani por 5-1, y el Tigre acabó el partido con sólo nueve jugadores. El sorteo para el plato principal lo gana el capitán aurinegro; campo norte para el Tigre, campo sur para Bolívar y son ellos quienes moverán la Jabulani. Minuto 2, la primera jugada de gol es para los celestes: William Ferreira recibe un centro de Abdón Reyes, que eliminó a Ribeiro, y su remate se va, afortunadamente, desviado. Réplica inmediata: centro del Choco Chumacero para Di Cosmo, luego de que a Ever Farfán se le resbala la gorda, y el foráneo no consigue embocarla. Minuto 7, Enrique Parada ejecuta un remate de larga distancia que se va por fuera. Minuto 15, tiro libre para Bolívar: Rudy Cardozo ejecuta y Rougcher la aleja del pórtico con los puños. Al parecer ha menguado la copiosa lluvia.
4. Minuto 17, amarilla para Angulo por falta contra Cardozo. El tiro libre lo ejecuta Wanderlei Mascarenas y Rougcher da una muestra de reflejos felinos lanzándose en volada y desviando el balón fuera del campo. Minuto 22, Zé Carlos llega hasta el área, remata y una vez más Rougcher evita la caída de nuestro pórtico. Minuto 24, Di Cosmo se la pasa retrasada a Angulo, que solo frente al arco rival la tira arriba. Un minuto después, el Tanque Vásquez no llega a empalmar un rebote. Minuto 27, centro de Soliz tras un despeje de Farfán, el Choco se la pasa a Angulo y otra vez el pandino la pela. Minuto 30, tercera de Angulo: la Jabulani le llega al Tanque, cede para su compañero y una vez más NO LA METE ADENTRO. Si estuviera en la cancha ya saben contra quien estaría, pidiendo su cambio a gritos. Minuto 33, Cardozo es el Angulo de los cholis: solo frente a Rougcher se enreda con la pelota y acaba mandándola fuera, cuando pudo abrir el tanteador.
5. GOOOOL DEL TIGRE. Desde el borde de la general, Gerson García manda un centro que acaba colándose en el pórtico de un desafortunado Farfán que se resbala. Casi calcadito al que le hizo a Robledo el 1 de agosto pasado, dice la transmisión radial. El orureño vuelve a rendirle a Craviotto y nos da una gran alegría. ¡Qué lindo es volver a usar las negrillas para escribir sobre un tanto nuestro! Minuto 37.
6. Minuto 41, gol de Bolívar. Desde casi 35 metros, Cardozo saca un zapatazo y Rougcher no puede contener el pique. Minuto 44, centro del goleador, Rougcher no se anima a salir y Zé Carlos empalma fallido. Acaba con paridad la primera parte, mientras en Chile está ascendiendo a la superficie el topógrafo y jefe de la cuadrilla, último de los mineros en ser rescatado.
7. Se reinician las acciones. Al minuto de juego, gol de Bolívar. Ferreira centra, Zé Carlos la toca y listo, lo dieron vuelta. Complicado nuestro panorama. Y por ahora este es el segundo partido de locales, contra el otro plantel paceño, que perdemos. Minuto 55, remate de Cardozo que se estrella en el travesaño. Minuto 61, Rodrigo Ramallo, quien debió partir de titular en vez del capitán, ingresa en lugar de Di Cosmo, que antes de irse falló una opción de anotar.
8. GOOOOL DEL TIGRE. ¡CHOCO grande y querido! Le saca la pelota a Ignacio Ithurralde, deja mal parada a la defensa bolivarista, encara ante Farfán y se la acomoda. No alcanza, pero por el momento renacemos y lo mejor: el Choco está volviendo a ser el mismo. Minuto 65.
9. GOOOOL DEL TIGRE. ¡Enloquezco delante de la computadora! ¡RAMAGOL vacuna! Rodrigo recibe el balón, le cambia el palo a Farfán y nos da la segunda gran alegría de la jornada. Los dos debutantes en un clásico oficial hicieron goles esta noche. ¡Qué se acabe de una vez! Minuto 70.
10. Minuto 71, Parada se va expulsado con roja directa. Uno después, Soliz amonestado. Minuto 74, dos hinchas de la Norte ingresan a la cancha y –¡para variar!– los policías (espectadores gratuitos) tardan en reaccionar; luego los detienen. Minuto 78, Gabriel Ríos –quien acababa de ingresar– ve la roja directa; en el relato radial dicen que estuvo siete segundos en el campo de juego. Minuto 79, Ronald Rivero empalma un centro que se cuela en el arco de Rougcher, pero el juez cochabambino Orozco –de pésimo desempeño según los de Futbolmanía– anula el tanto por supuesta carga contra Rougcher. Minuto 85, Angulo deja el campo lesionado y lo sustituye Hermann Soliz. Minuto 88, se retira Vásquez e ingresa Renán Addles.
11. ¡GANAMOS CARAJO!!! Y no se escuden en el árbitro, en todo caso échenle la culpa al inútil de Ithurralde. El Tigre puso lo que pone siempre: garra, huevos y ganas de pelearla. Chau su invicto en La Paz en este campeonato, punteros. Y nosotros, a pensar en el partido del domingo contra San José, que no será nada sencillo. SI NO LO SIENTES, NO LO ENTIENDES. ¡YO SOY DEL TIGRE, DE CORAZÓN!!!

FOTO: FREDDY ZARCO/AFKAPHOTOS.COM.

lunes, 11 de octubre de 2010

Se va acabando el sueño (No le ganamos ni al casi descendido y se reconfirma la justa pérdida de tres puntos)



1. Otro fin de semana tenaz en lo personal. Tradicional Almuerzo de Antiguas/os Alumnas/os de colegio y todo lo que eso implica. Ayer no quise ni intentar siquiera buscar una emisora de Trinidad que transmita por la red. En el minuto 65 del partido escuché el enlace que hacían los de Futbolmanía y la cosa seguía en blanco, pero apenas unos minutos después eso se modificaría.
2. Néstor Craviotto, que no sabe de ganar fuera de La Paz, propuso este once inicial: Max Rougcher; Luis Ribeiro (capitán), Luis Palacios, Santos Amador y Gerson García; Nelvin Soliz, Carmelo Angulo, Alejandro Chumacero y Thiago Leitao; Rodrigo Ramallo y Julián Di Cosmo. Arbitraron Óscar Saucedo, Jorge Calderón y Juan Pablo Montaño.
3. Según lo que ponen los de Erbol, tuvimos “tres claras oportunidades de anotar en los primeros 45 minutos frente a un dubitante equipo local, pero sus delanteros parecieron estar con los botines atados, especialmente Carmelo Angulo, quien a los 37, solo frente al portero a cinco pasos de éste remató a las manos del guardameta, cuando la tribuna esperaba el estilete”. Y encima, claro, nos quedamos sin el Negro Peña por expulsión.
4. Ahora, con el resultado ya conocido por todos y las imágenes del partido en Trinidad dando vueltas en los distintos espacios deportivos de la televisión, empieza la angustia de la numeralia. Primera cosa: se ha confirmado que perdimos –bien perdidos, dicho sea de paso– los tres puntos de la impugnación hecha por Blooming. Segunda: ese grandioso regalo de nuestro delegado y presidente del Comité de Fútbol, Ronald Crespo, nos despacha al décimo lugar en la tabla –sólo estamos por encima del que nos ganó ayer y el otro candidato al descenso. Tercera: tenemos siete derrotas –seis fuera de La Paz y una en el Siles–, un empate –contra el clásico rival– y cinco victorias; con eso no basta ni alcanza.
5. El miércoles hay que ir al Siles. No sólo porque jugamos con los de Tembladerani, sino para darle aliento al equipo con la esperanza de que reaccione. No sé cómo ni con qué, sólo sé que TENEMOS QUE GANAR EL CLÁSICO. Si no lo hacemos, que nos hagan despertar del sueño y nos ocupamos de otras cosas.

FOTO: AFKAPHOTOS.COM.

domingo, 3 de octubre de 2010

Inicio de la segunda rueda (la Jabulani nos ayuda y empieza a hacer de las suyas, pero no nos alcanza el empeño)



1. Tras una noche tenaz, celebrando el cumpleaños de un caro amigo, y una mañana futbolera en colegio viendo casi en su integridad la fecha de semifinales, llego a casa para botarme a dormir cerca de las 13:00. Almuerzo y me hago uno solo con mi cama hasta las 16:20, momento en que –sexto sentido que le dicen– despierto, levanto el control remoto de la tele y por si acaso pongo en ATB: ¡están transmitiendo en directo el partido que se juega en Cochabamba! Me levanto, aumento el volumen y enciendo la computadora para comenzar a escribir esta crónica.
2. Néstor Craviotto incluye varios cambios en todas las líneas para comenzar esta segunda rueda. El once inicial: Max Rougcher; Luis Ribeiro (capitán), Luis Palacios, Federico García y Gerson García; Nelvin Soliz, Marco Paz, Carmelo Angulo y Thiago Leitao; Rodrigo Ramallo y Darwin Peña. El referí es Óscar Saucedo, cooperado por Jorge Calderón y Juan Carlos Arroyo, integrantes todos del Colegio de Árbitros de Santa Cruz.
3. GOOOOL DEL TIGRE. Leitao intenta un pase en profundidad, pero rebota en un zaguero y Silvio Dulcich parece que va a embolsarla tranquilo. La Jabulani se le va de las manos al portero argentino y Ramallo recoge el regalo, agradece y la empuja adentro. Merced a la nueva pelota, empezamos ganando en el estadio de Cala Cala. Minuto 27. Mejor inicio del seguimiento a las incidencias del juego no podía tener. Por supuesto, lo grito como si estuviera en la curva sur de la Llajta.
4. Gol de Aurora. Herido en su orgullo, el plantel local sale con todo y la pelota le cae a Osvaldo Moreno en la medialuna del área grande; tremendo zapatazo luego de media vuelta del paraguayo, que se cuela por el ángulo y deja sin sentido la volada de Rougcher. Golazo. Minuto 31.
5. Los celestes quieren remachar la cosa. Minuto 36, remate de Edward Zenteno que rebota en Paz y contiene en dos tiempos Rougcher. A los pocos segundos, centro de córner pasado en el arco norte y otra vez el golero debutante en el torneo despeja, ante una carga ilícita de un atacante. Minuto 44, remate del Negro Peña que se estrella en el poste derecho de Dulcich, cuando los hinchas del Tigre ya gritábamos el segundo.
6. Recogemos el apunte de Marcas de La Razón: “En los 10 últimos entrenamientos entre Aurora y The Strongest, el valluno no pudo obtener ninguna victoria. En el valle se han enfrentado 27 veces y hay una curiosa igualdad: nueve triunfos para cada uno y nueve empates”. Nuestro último triunfo fue el 6 de junio pasado, con una goleada por 5-3.
7. Regresan sin cambios. Minuto 49, pase del Negro a Ramallo, encara por izquierda en el área de Aurora, remata y la pelota sale apenas desviada. Gol de Aurora: córner desde la derecha, salta Ignacio García en el borde del área chica mal cubierto por Lulú Palacios y la gorda infla las redes del pórtico aurinegro. Minuto 52.
8. Minuto 61, tiro libre que ejecuta Marcelo Gomes y atrapa de una, pese a tener el sol en contra, Rougcher. Minuto 65, ingresa Renán Animal Addles por Ramallo; a ver cómo le va al panameño. Minuto 66, contragolpe de Aurora que con dos pases está cerca de nuestra área: Carlos Saucedo recibe y saca un remate altísimo. Pocos segundos después le ocurre lo propio al goleador Moreno. Minuto 69, Óscar Pony Arauz ingresa por Marco Paz. En la primera que interviene, Gomes lo traba en el borde lateral del área, pero el árbitro no cobra nada. Minuto 70, soberbio derechazo de Soliz, que rebota en la parte externa del poste izquierdo de Dulcich. Un minuto más tarde, el Animal recibe un rebote entrando al área, solo frente al meta del equipo del pueblo, y la manda fuera del estadio.
9. Minuto 76, Vicente Arce se proyecta por derecha, llega casi hasta el fondo del campo, cede retrasado para Moreno y el paraguayo parece más hacer rebotar que patear la Jabulani, que hace un globo altísimo y se pierde fuera del campo. Minuto 79, el Negro Peña ejecuta un tiro libre mandando centro y en clara posición adelantada Angulo empalma de espaldas al pórtico, venciendo a Dulcich; el asistente y el juez anulan el tanto. Minuto 81, Javier Guzmán reemplaza a Angulo. Craviotto, nervioso, se juega el todo por el todo en la recta final del partido. Minuto 82, Addles pivotea de cabeza un pase y deja al Pony en buena posición; el único convocado de The Strongest por Eduardo Villegas para el partido amistoso de la selección el venidero jueves, le pega apenas por encima del travesaño. Minuto 87, recibe Leitao, la baja con el pecho en el borde del área grande, da media vuelta, remata y rebota en Carlos Tordoya, recoge el Negro, se la pasa al Pony y remate del ariete cruceño que rebota en Jaime Robles. Minuto 91, Moreno remata desde fuera de nuestra área y la pelota se va lamiendo la parte lateral izquierda del pórtico.
10. Quinta salida del Tigre y quinta derrota. Craviotto sigue sin encontrar la fórmula para sumar, al menos de a uno, fuera de La Paz. Las variantes y ausencias de hoy no resintieron al equipo –aspecto muy grato; sinceramente temía mucho por la imposibilidad de contar con el suspendido por acumulación de amonestaciones Choco Chumacero y el lesionado Tanque Vázquez–, aunque da pena tampoco hayan alcanzado para traer un mejor resultado. Indistintamente de lo que pase en el Tahuichi en el cierre de fecha, Bolívar y Aurora son los punteros y nosotros estamos en la mitad inferior de la tabla, a casi nueve puntos de distancia. Si el próximo domingo no traemos los tres puntos de Trinidad, y luego no reventamos a los actuales líderes en el clásico, podemos irle diciendo chau a cualquier aspiración. Pero todavía quedan 10 fechas y no es imposible.

FOTO: LOS TIEMPOS.COM.

lunes, 27 de septiembre de 2010

DE EQUIPO NO SE CAMBIA



A mi abuelo, Mario Mariscal Paredes.

Levantó el periódico que su abuelo había dejado encima de la cama y los ojos se le llenaron de dos colores: amarillo oro y negro. Vio las fotos de un par de danzarines que hacían acrobacias con una pelota entre medio de ellos; era una coreografía casi perfecta. El de la izquierda parecía llevarse la pelota, mientras que el de celeste porfiaba por no dejarle. El que vestía la casaca aurinegra era rubio, gordo, casi podría decirse teutón; quien forcejeaba con él, pelo café y figura delgada, pero fibrosa, el típico ejemplar caucásico. Siguió con la mirada a las letras que aparecían debajo: “Jorge Lattini se lleva el balón hacia el pórtico pese a la oposición de Ricardo Troncone”. Sonrió. Esos nombres le parecieron graciosos.
Desplegó la página encima de la cama. El titular a todo lo ancho decía: “El clásico fue para el Tigre”. Debajo, a un costado, se veía la foto de un equipo con las mismas casacas aurinegras. Le encantó. Empezó a mirar uno por uno a los doce que aparecían en esa imagen: 10 llevaban los colores que, supuso, servían para darle el apelativo porque eran los mismos del Shere Khan de El Libro de la Selva, cuyo disco tenía guardado junto con los de su mamá. Uno, moreno y gordito, llevaba una chompa roja y pantalones cortos negros, y estaba al borde derecho de la foto. En el otro extremo, con una polera blanca de manga corta y un buzo negro, un señor delgado que tenía entre los pies un maletín pequeño, parecido al que alguna vez había visto cargar a un plomero que vino a hacer refacciones en el baño de la casa.
El de la chompa roja tenía un cinto blanco a la mitad del brazo izquierdo. Algunos de los aurinegros estaban de pie, otros reclinados, de cuclillas. Tres de estos últimos tenían una pelota entre las piernas, y un cuarto la sujetaba con ambas manos, como apoyándose en ella. Debajo de la fotografía pudo leer: “La formación inicial del cuadro de Achumani”. Comenzó a leer la noticia, que daba cuenta de un partido de fútbol disputado en el Estadio “Olímpico”, cuando su abuelo retornó al cuarto. Con ojos brillosos e inquietos le preguntó quienes eran los de la fotografía.
-Es el Strongest –respondió su abuelo, encendiendo uno de sus sempiternos cigarrillos Derby con los caballitos corriendo en la cajetilla blanca y naranja.
-¿El qué? –volvió a preguntar.
Su abuelo sonrió y se sentó a su lado. “El Strongest”, repitió, y comenzó a explicarle sobre fútbol, los partidos clásicos y todo lo que implicaban, además de enseñarle la pronunciación correcta del nombre del club: “Di estronguest”. Quedó fascinado.
Esa tarde, cuando su abuelo iba para la pequeña empresa familiar de limpieza de ropa que tenían, se fue con él. Entró raudo a la sucursal donde todos lo conocían de memoria y empezó a hurgar en la pila de periódicos que había en un rincón. La encargada sonrío y le preguntó qué buscaba. “Fotos del Strongest”, replicó sin levantar la cabeza, mientras apartaba a un costado unas páginas donde había grandes fotos de dos jugadores haciendo malabarismos con el balón. “¿Eres del Tigre?”, volvió a preguntar ella. “¡Sí!”, contestó enfático mirándola. “Yo también”, comentó ella sonriéndole. Él volvió a lo suyo, logrando reunir unas doce fotos de distintos jugadores del plantel y dos, en blanco y negro, del equipo entero.
Sus tíos entraban en la adolescencia: 17 años el mayor, 15 el siguiente, 13 el benjamín. Uno de sus entretenimientos era el juego de fútbol con equipos confeccionados en tapacoronas de gaseosas. Él les mostró las fotos de The Strongest y les pidió que le ayudaran a hacer su propio equipo; incluso se había conseguido un montón de “tapitas” –como las llamaban en casa– de la amable señora de la tienda, en la casa contigua, quien prometió guardarle más de ahí en adelante.
Fueron días ajetreados: tijeras en mano (detestaba la que le daban, pequeña y forrada con un plástico amarillo que simulaba la silueta de un monito, y levantaba siempre la más grande, la que veía usar a su abuela para coser), cortando las fotos y los fondos, agregando los números y nombres, pegando todo –y pegándose los dedos íntegros, también– con “carpicola”, un pegamento blanco que le encantaba después irse sacando de las manos.
El hermano de su abuela, que vivía en Cochabamba y era un ex jugador de fútbol profesional, llegó por esos días de visita. La casualidad hizo que ese domingo volviera a jugarse un clásico, esta vez en el estadio de Tembladerani, propiedad del Bolívar. El tío, que tenía un carnet que le permitía el ingreso a cualquier estadio del país, le ofreció llevarlo. Fue el principio del verdadero amor. Al llegar, le impresionó la cantidad de gente aglomerada, pugnando por ingresar. Y los vendedores de recuerdos. El tío le compró una gorra con los colores de The Strongest, que decía “Tigre Campeón”.
Una vez adentro y cuando los jugadores saltaban a la cancha, empezó a reconocerlos uno a uno, ayudado también por el tío que tenía un receptor portátil de radio en la mano. Aunque era un partido entre rivales tradicionales, le gustó que estuvieran sentados casi lado a lado los de uno y otro plantel, sin peleas ni hechos violentos.
En un par de semanas tuvo a su equipo listo. Un arquero, confeccionado con dos tapacoronas pegadas entre sí con clefa y con la parte inferior de la tapa trasera abierta como una patita que servía para que el portero se parase y contuviera los remates de los jugadores rivales, ayudado además por el corcho y la moneda de 25 centavos de Peso boliviano que tenía debajo de los papeles con su imagen, número (un uno rojo que cortó de un calendario de escritorio) y nombre: “Luis Galarza”. No encontró por ningún lado la fotografía del segundo arquero ó suplente, pero no importaba; éste no se lesionaba como los de verdad y él se encargaría de que no fuera expulsado en ningún juego.
Y también hizo las imágenes de dieciséis jugadores, que logró reunir a duras penas consiguiendo incluso fotos botadas en la calle. Sus tíos le sugerían que pusiera la foto de algún jugador en blanco y negro, con la camiseta “coloreada” con marcadores, pero él quería todas las fotos en color y se empeñó por conseguirlas. Entre los jugadores, para los que había elegido las tapacoronas más redonditas, figuraban “Luis Iriondo”, “Juan Peña”, “Eduardo Angulo”, “Jorge Lattini”, “Ovidio Messa”, “Luis Bastida” y “W. Cañellas”.
El primer partido que jugó, contra su tío menor, fue The Strongest – Always Ready. Él hubiera querido un clásico, pero era imposible: nadie en la casa tenía ese equipo, pues los tíos eran todos stronguistas y habían preferido hacerse plantillas de Oriente Petrolero, Blooming, Guabirá, Wilstermann, Independiente Unificada, Stormers, Municipal y Always antes que de los odiados rivales. ¿El resultado? Un empate a dos goles, más por la benevolencia del tío que por méritos propios, había que reconocerlo. Pero ya el amor por el juego estaba instalado.
Un par de años más tarde emigró a Potosí, donde vivía en casa de unos primos. Ellos no conocían el fútbol con tapitas. Apenas pudo, consiguió fotos y los envició en la práctica. Una frazada, debidamente marcada como cancha de fútbol, dos arcos –podían ser improvisados, como cuando se jugaba con pelotas de trapo ó de plástico en la calle– en los respectivos extremos estrechos, una canica pequeña de vidrio y ya: se desencadenaban verdaderas batallas de once luchadores contra otros once, movidos cada plantel por un estratega que trataba siempre de ser el vencedor. Un cuadrangular jugado en La Paz en que intervinieron el Atlético de Madrid de Cano –¿qué hacía en esta parte del globo? En esas épocas no se hablaba de la famosa “altura” y los clubes emprendían giras intercontinentales–y el Talleres de Córdoba de Guibaudo –quien años más tarde sería portero del Blooming de Santa Cruz campeón nacional– les ayudó para que sus partidos fueran “internacionales”.
De regreso en La Paz, recomenzó el cariño con el club. Cada vez que se podía iba con alguno de sus tíos a los partidos del “Tigre”, y cuando no podía estar en persona en el estadio ó se jugaba en el interior, seguía la transmisión por radio. Incluso una noche, cuando tenía como nueve años y estaba solo en casa, escuchando que las graderías miraflorinas estaban abarrotadas y que había la posibilidad de una transmisión televisiva en directo para el país, excepto La Paz por ser la sede del juego, se unió a las exhortaciones de los relatores, don Gróver y don Remberto Echavarría, pidiendo en un rezo inocente pero vehemente que la señal llegase también a los televisores paceños. Cuando comenzó el partido, con un estadio absolutamente lleno y miles de personas fuera según comentaban los hermanos potosinos por radio, él ya desesperaba: sus ruegos no eran atendidos por el Señor. Lanzaba una pelota de goma contra la pared y se lanzaba, emulando a Luis Galarza, encima de la cama, convertido en el guardameta de un pórtico imaginario que estaba a los pies del catre. De pronto, de reojo, advirtió que la señal del 7 (aún no habían proliferado las estaciones teledifusoras en Bolivia: en la sede de gobierno estaban el canal estatal, más conocido por su número identificatorio, y el universitario, pionero en la transmisión a colores) mostraba el campo que tan bien conocía y la disputa del balón en el sector central, cerca del círculo. Dejó su propio juego, se acomodó encima de la cama mirando a la pantalla de 14 pulgadas e íntimamente agradeció a la divinidad.
La adolescencia llegó asimismo con asistencias esporádicas, quizás porque las prioridades eran otras. Pero en todo momento trataba de estar al tanto de lo que ocurría con el Tigre: cambios en las planillas de jugadores, resultados de los juegos y renovaciones de los equipos construidos en tapacoronas, consiguiendo las fotografías actuales. Cuando estaba en la prepromoción uno de sus amigos tupiceños, donde viajaba cada fin de año a pasar las vacaciones, se presentó en La Paz para asistir al primer clásico por la Copa Libertadores, el torneo más antiguo entre clubes de distintos países en Sudamérica. El amigo era hincha del rival, pero eso no importaba. Vieron el juego desde el sector de la Recta General, acompañados por el papá de su amigo, con quien este había hecho el periplo. Al concluir la primera etapa el resultado estaba igualado, y al acabar el juego concluyo así, aunque un desatino del lungo arquero stronguista, Víctor Aragón, casi ocasiona que terminasen ganando los celestes. Su amigo le molestó durante todo el retorno hasta el hostal donde se alojaban, pero no importaba porque habría una revancha en la que él confiaba sus esperanzas y, además, había acabado sin apertura del tanteador. El paso por la universidad terminó confirmando la ausencia en la grada, aunque trataba de ir a los clásicos –hasta que un amigo suyo misteriosamente falleció luego de asistir a uno, en que los “cholis” habían ganado– y a los pocos partidos internacionales que el club disputó mientras duró su formación profesional, que le llevó por nuevos y diferentes rumbos.
Cuando el equipo celebraba sus 90 años empezó a ejercer la práctica periodística. El salario le permitió comprarse su primera camiseta original, conmemorativa además del nonagenario. Un año antes había adquirido un par de gorras: una del poderoso y otra del rival, para su padre que fallecería antes de concluir esa gestión producto del cáncer, pero al menos sirvió para alegrarle los últimos días. La adquisición de la polera y la economía autogestionaria le ayudaron, poco a poco, a retomar el hábito de asistir a los partidos, bien acompañado de amigos de la universidad o de su hermano, casi 14 años menor que él. Casi por la misma época termino de afianzar el hábito: sentarse siempre en la Bandeja Alta de la Curva Sur, sin importar las condiciones climáticas, casi detrás del pórtico de ese lugar. Incluso la única vez que adquirió un abono para las Eliminatorias –en las previas al Mundial Corea Japón 2002– privilegió el mismo sitial.
Desde esa altura tenía una perspectiva particular del campo de juego, que le permitía visualizar todo de un solo golpe de vista, incluidas las casamatas de los reemplazos, donde siempre sucedían cosas simpáticas para el recuerdo: gritos de los adiestradores, las calistenias colectivas cuando mandaban a calentar a toda la banca –por lo usual alrededor de los 35 minutos de juego–, el trabajo de los colegas denominados “Puesto Dos” detrás de las casamatas y por medio de intercomunicadores que les permitían salir al éter durante las transmisiones radiales, etc. No existió un análisis previo pormenorizado de dónde sentarse: las circunstancias hicieron que ese lugar fuera integrado a los rituales típicos de cada jornada en el estadio.
A la que lleva en la parte izquierda del pecho la leyenda “90 años”, fabricada por una empresa argentina multinacional, siguieron con los años otras camisetas, siempre originales, compradas por lo usual al inicio de la temporada para identificarse más con los jugadores que saltaban a defender los colores amados en la grama. Durante varios años una empresa nacional tuvo la preferencia en la selección de los dirigentes de turno al momento de dirimir quiénes vestirían al primer plantel –como dicen los periodistas– y, por consiguiente, era sencillo acercarse a una de sus tiendas y adquirir la prenda, alguna vez doble y hasta triple porque se animaba a comprarles la réplica a su hermano y a uno de los primos.
“¿Ya te estás disfrazando?”, preguntaba con alegre sorna el abuelo cuando le veía realizar sus rituales previos a cada partido: elección de cada prenda –polera manga corta si se trataba de un juego diurno; manga larga e incluso de cuello de tortuga si era por la noche (además de la bufanda con los colores amados, que se compraba en la puerta del estadio); calcetines con el escudo de The Strongest dibujado en el borde superior; unos pantalones negros (jeanes, de corderoy o de buzo deportivo, según el clima y la disposición anímica, o la trascendencia del rival, para ser más justos); calzoncillos con el color de la casaca del oponente (siempre celestes para un clásico, aunque no fuese a ir al estadio porque los locales de recaudación eran los de la orilla opuesta); la polera del equipo correspondiente a esa gestión, alguna chamarra si el caso ameritaba y la infaltable gorra aurinegra, que también renovaba cada cierto tiempo.
Las cábalas no quedaban ahí. También incluían un buen duchazo, una comida rica en carbohidratos (fideos, casi siempre solicitaba comer fideos en día de partido) y, ya en el estadio, una tradicional “patita” –fritura rebosada de estos miembros del cerdo–, sobretodo si el equipo demoraba en abrir el tanteador ó estaba perdiendo. Se volvieron una especie de mantra silencioso y estomacal. Incluso, en juegos internacionales, prefería consumir el popular relleno antes de que se iniciase el partido, como una señal de buen augurio similar, en cierto modo, a la persignación que muchos jugadores hacen al momento de ingresar al terreno de brega. Más de una vez se puso histérico en los entretiempos porque las vendedoras de la fritura no aparecían por ningún lado ó, lo que era todavía peor, habían agotado sus provisiones con la gran asistencia de espectadores. En momentos como esos, tal vez inconscientemente, volvía a acordarse del ruego inocente a la divinidad en su niñez pero, como diría Benedetti, la otitis suprema parecía haberse hecho crónica con los años.
En el periódico donde comenzó a fungir como redactor, el desaparecido matutino (vespertino en sus inicios) Última Hora, habían como en todas partes del país hinchas de su equipo y del rival; en cierto modo, como recoge cualquier reseña del fútbol boliviano, la población podía dividirse entre los simpatizantes –declarados y disimulados– de la aurinegra ó la celeste. Estos últimos solían molestarle cuando le veían sentado en su cubículo con todo el “disfraz”, contando los minutos para largarse al templo miraflorino; las pullas se incrementaban, por supuesto, cuando la campaña del equipo no era de las mejores –algo bastante recurrente, pues el último título obtenido, incluso acoplado a uno de los cánticos de la barra, era de 1993.
En una de esas discusiones con los simpatizantes del rival –tan eufóricos y fanáticos como él al defender a su divisa– acuñó la inmortal frase: “De equipo no se cambia”, réplica a las insistencias para que se pasara a la vereda opuesta o cambiase de plantel. Y fundamentaba: “Se cambia de pareja, de religión, de auto, de casa, de estilo en la vestimenta, de hábitos alimenticios si quieres… pero de equipo jamás. Uno nace Tigre y muere Tigre”. Tamaña respuesta solía, casi siempre, dejar callado al más pintiparado de los insidiosos. Y no era sólo una frase para salir del paso, sino un sentimiento que, al racionalizarlo, se dio cuenta estaba en lo más íntimo de sus entrañas y de las de todos sus familiares stronguistas.
Había muchos, como sus tíos, que por no vivir en La Paz o por los pésimos juegos –no sólo del equipo amado, sino en general de la denominada división profesional del fútbol local– ya no iban al estadio y ni siquiera escuchaban los partidos por radio. Si acaso, con suerte, se anoticiaban del resultado en los resúmenes de televisión u oteando un periódico. Los primos no terminaban de empaparse del amor futbolero o estaban asimismo fuera de la hoyada y trataban de subsanar las inasistencias en épocas de vacaciones, cuando la familia trataba de juntarse, pero eran pocos los juegos que alcanzaban a ver. Su hermano sí, había heredado casi las mismas manías: ropa específica y otras conjeturas para el buen desempeño del equipo. Incluso le reclamaba cuando por alguna circunstancia, como el frío que le arredraba entrar a la ducha para luego estar más de dos horas a la intemperie en la fría gradería o el apuro por comer lo que sea en la calle, rompía sus propias cábalas poniendo en potencial riesgo el resultado del juego.
Los dirigentes optaron por emular lo que se hace fuera del país e introdujeron la venta de abonos para toda la temporada, que él compraba casi con veneración apenas ponían a la venta. Un año de esos, como su economía era de subsistencia por la cesantía, aprovechó los contactos y se registró –por primera y única vez hasta ahora– como periodista acreditado para los partidos en La Paz. Una vez estuvo en la cancha (en un juego de Copa Libertadores en que aprovechó para pedirle una foto a uno de sus ídolos foráneos, que llegó con el equipo rival a llevarse un empate en la cada vez menos mítica altura paceña, algo que le dolió en el alma durante mucho tiempo pues sintió que había sido k’encha para el triunfo atigrado) y casi siempre optaba por irse al palco de prensa ó a la tribuna de Preferencia, aunque esta última le resulta incómoda porque los asientos son más bajos que en su amada Curva Sur, Bandeja Alta.
En el último tiempo la dirigencia, comandada por un abogado cristiano que de fútbol sabe tanto como de física cuántica o mantenimiento de motores de submarinos, se esforzaba por sumar traspiés uno seguido de otro. La estulticia con que actúan le ha vuelto a alejar de la cancha. Incluso, aunque es el año en que el poderoso celebra su primer siglo de vida –algo que él particularmente festejó con una bebediza inolvidable–, como señales de protesta no compró el abono para la gestión, es un declarado Némesis de los figurones que están ahí sólo para salir en las fotos del Centenario (como una clara movida para reinsertarse luego en la vida política del país, de la que provienen y a la que tornarán usando al club como un mero trampolín) e incluso ha creado un par de grupos en contra de sus desatinos e improvisaciones en una red social de la Internet.
Pero más allá de esas meras circunstancias coyunturales y momentáneas, que a él y a miles de hinchas del glorioso The Strongest le significan molestias y secreciones hepáticas, cada día está más convencido de su afirmación cuando le sugieren que deje al club de sus amores, sobre todo los mal llamados hinchas que creen todo en la vida deben ser puros éxitos y buenos ratos. Pueden pasar malos momentos, temporadas de resultados negativos e incluso, como ocurriera tres años antes de su nacimiento, que todo el plantel desaparezca en un accidente fatal, pero sabe que él será leal hasta su muerte. El jueves 9 de abril de 2003, al día siguiente de que el club cumpliera 95 años, con algunos vapores alcohólicos que le dieron el empujón final para decidirse a hacerlo, optó por reafirmar gráficamente su postulado. Fue a las oficinas de identificación y renovó su cédula de identidad haciéndose tomar la fotografía con la polera de The Strongest. Y es que, definitivamente, de equipo no se cambia.

(Publicado en HUARIKASAYA, CUENTOS STRONGUISTAS en 2008)

FOTO: MIRABOLIVIA.COM.